• 12oct

    P. Joaquín Montull

  • Introducción

    La Eucaristía de este día tiene un significado especial; damos gracias a Dios porque nos ha dado a María, la Madre de su hijo, para que ella sea como la columna que guió al Pueblo elegido por el desierto. Ella nos conduce en el tiempo, para que en el tiempo nos revistamos de Cristo, y en el tiempo gocemos de algunos anticipos de lo que será el reino de los cielos.

    Que ella prepare nuestro espíritu...

    Homilía

    1.- ¿Qué puedo deciros en este día dedicado a la Stma. Virgen María, honrada, venerada en todos los pueblos hispánicos? Todos ellos tienen su propia advocación que la hacen más cercana; he aquí unos cuantos títulos existentes en España: Montserrat, Covadonga, Estíbaliz, Fuencisla, Almudena, Virgen de Gracia, de la Herrería, del Espino... ¡Cuántos tendría que añadir pa-ra no dejarme ninguno!

    Y he aquí otros tantos de Iberoamérica: Guadalupe en México, Apareci-da en Brasil, Altagracia en la República Dominicana, Suyapa en Honduras, Coromoto en Venezuela, Chinquinquirá en Colombia, Caridad del Cobre en Cuba, y tantos otros que nunca terminaría... Tantos títulos, todos ellos me conducen al himno del Congreso Mariano Nacional de 1954 que tantas veces canté: “¡Madre de todos los hombres.... para poderte cantar, haré un pilar con tus nombres, y te llamaré Pilar!” “El Pilar de Zaragoza –dijo Juan Pablo II en el mismo Zaragoza el 6 de noviembre de 1982- ha sido siempre considerado como símbolo de la firmeza de la fe de los españoles” Esta firmeza queda ga-rantizada porque el mismo Juan Pablo II, meses antes de su venida a España, confesó ante un grupo de obispos españoles, precisamente el 9 de marzo de 1982, que el alma de España, configurada en su historia, es cristiana y mariana. Esta alma cristiana y mariana de España quiero tener presente en este día, porque María “permanece entre nosotros como la columna que guiaba día y noche al pueblo en el desierto” (Introito de la Misa).

    2.- La oración de la Salve, oración que tantas veces habremos rezado, cantado, culmina en la petición “muéstranos a Jesús”. “Es lo que María reali-za constantemente, -indicó también Juan Pablo en Zaragoza- como queda plasmado en el gesto de tantas imágenes de la Virgen esparcidas por las ciu-dades y pueblos de España. Ella, con su Hijo en brazos, como aquí en el Pilar, nos lo muestra sin cesar como “el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). A veces, con el Hijo muerto sobre sus rodillas, nos recuerda el valor infinito de la Sangre del Cordero que ha sido derramada por nuestra salvación (1Pe 1,18s; Ef.1,7). En otras ocasiones, su imagen al inclinarse hacia los hombres, acerca su Hijo a nosotros y nos hace sentir la cercanía de quien es la revelación radical de la misericordia, manifestándose así, Ella misma, como Madre de la misericordia.

    3.- Ella nos muestra a Jesús, el único cimiento de la firmeza de nuestra fe (1Cor 3,11), como bellamente se significa en la capilla de la Virgen del Pilar de esta Basílica. La Virgen, de tamaño natural, se halla junto a la columna, y so-bre la columna, Cristo.

    Ella nos muestra a Jesús, muerto y resucitado; quedarse en la pasión de Cristo es falsificar la verdad del evangelio. Cristo resucitado nos invita a mirar con optimismo nuestro futuro; ese futuro lo sentimos presente en la medida en que vivimos en el tiempo el misterio de nuestra transformación a imagen de Cristo. “Los comienzos del camino de la salvación –nos dice San Benito- son siempre estrechos, pero a medida que se adelanta en la senda de la piedad y de la fe, se corre, dilatado el corazón, en el camino de los divinos mandamientos con inefable dulzura de caridad” (Regla benedictina, Prólogo).

    El cristiano sabe que la historia está salvada –escribió en cierta ocasión el Papa, siendo todavía cardenal Ratzinger (INFORME SOBRE LA FE. BAC popu-lar, 66)-, y que al final el desenlace será positivo. Pero desconocemos a través de qué hechos y vericuetos llegaremos a ese desenlace final. Sabemos que los poderes del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia, pero ignoramos en qué condiciones acaecerá esto”. Y es que la historia, todos los movimientos de la historia, tienen su origen en Dios, Causa trascendente de todo; por tanto, la di-rección de la historia es siempre positiva, por muchas que sean sus oscilacio-nes. Muchos, ciertamente, ante el silencio de Dios, se quedan en el camino porque, habiendo perdido la relación con Cristo, no han sido vivificados por su espíritu; otros, siguen avanzando hasta sentirse plenamente amados en el mismo Jesucristo.

    4.- ¡Cuántas cosas os seguiría diciendo en este día en que honramos a María como Patrona de la Hispanidad! Así la invocó Juan Pablo II en aquella memorable ocasión de su primera visita a Zaragoza. Ella es la Madre de todos los hombres; por eso, para poderle cantar, hacemos un pilar con sus nombres, y lo llamamos Pilar. Que ella nos otorgue fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza, y constancia en el amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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