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    P. Alberto Soria

  • Queridos hermanos en Cristo Jesús: en este primer domingo después de Epifanía, se celebra la Fiesta del bautismo del Señor, “en la que maravillosamente es proclamado Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombre es purificado y se alegra toda la tierra”, como nos recuerda el martirologio romano. En la lectura del profeta Isaías, Dios mismo presenta y consagra a su siervo para su misión liberadora en “las islas”, esto es, en todo el mundo. Los ciegos y cautivos somos todos y cada uno de nosotros, esclavizados por nuestros pecados. En la lectura de los Hechos de los apóstoles, se narra el fin de la conversión de Cornelio y se alude al bautismo de Jesús. Lo importante en su bautismo, como en el de todos y cada uno de nosotros, no es la infusión o la inmersión en el agua bautismal, sino sus efectos.

    Por medio del agua bautismal, en cada uno de nosotros se inicia una nueva vida de hijo de adopción de Dios, como nos recuerda la oración colecta, habita en nuestra alma la Stma. Trinidad, recibimos las virtudes teologales, se borra de nuestra alma el pecado original. Hay padres que todavía bautizan a sus hijos en la fe católica. Algunos no los bautizan para que sean buenos cristianos, sino como excelente excusa para pasar un buen día con los amigos y compartir una bien surtida mesa; es una reaparición del pan y el circo de los romanos. Por desgracia, otros muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos ya no bautizan a sus hijos, sino que esperan a que decidan por sí mismos en su mayoría de edad, con las consecuencias nefastas que sufren durante su infancia y adolescencia y algunos durante toda su vida.

    Con Jesús, que se colocó entre los pecadores y se humilló voluntariamente bajo la mano del bautista, se inicia el restablecimiento del orden y de la justicia que Adán y Eva habían conculcado. La obediencia tan costosa para el hombre Jesús da lugar a un efecto permanente y maravilloso. Como dice S. Máximo de Turín, “Cristo es bautizado no para ser él santificado por las aguas, sino para que las aguas sean santificadas por él y para purificarlas con el contacto de su cuerpo. Más que de una consagración de Cristo, se trata de una consagración de la materia del bautismo”. La obediencia de Jesús a la voz interior del Padre culminará en la cruz; por eso otros santos padres relacionan el bautismo de agua de Jesús en el Jordán con su bautismo de sangre en el Calvario. Ya en la segunda lectura se nos abre más el ángulo del sublime misterio que estamos celebrando: el siervo Cristo Jesús es ungido por la fuerza del Espíritu para su misión profética y universal: hacer el bien y curar a los oprimidos por el diablo. Por si fuera poco, la escena evangélica nos revela tanto la intención de instituir el sacramento del bautismo como darnos las primicias del misterio de la Stma. Trinidad: el Padre habla desde el cielo abierto, el Hijo es bautizado, el Espíritu Santo baja en forma de paloma.

    Pero no debiéramos concluir este tiempo litúrgico de Navidad, queridos hermanos, sin aludir al que ha sido, junto con la contemplación del misterio, el tema más frecuente en las intervenciones navideñas del papa: la libertad religiosa. En su mensaje de Navidad, el Papa apremió al respeto de la libertad religiosa de todos los creyentes. Al día siguiente, en la Fiesta de la Sagrada Familia, censuró la “absurda” violencia contra iglesias en Nigeria y Filipinas. En la Jornada Mundial de la Paz y la Maternidad Divina de María del 1 de enero, el Papa insistió en la falta de libertad religiosa, tanto en el mensaje previo, como en la homilía y en el ángelus de ese mismo día, en el que ya murieron al menos 20 personas en un atentado contra un templo cristiano en Egipto. Mañana, D. m., el papa pronunciará su mensaje para el nuevo año ante los embajadores de los países que tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede y posiblemente reiterará la falta de libertad religiosa.

    Por la importancia del mensaje del 1 de enero, titulado "La libertad religiosa, camino para la paz", cito varias frases literales de Benedicto XVI: “Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. El fundamentalismo religioso y el laicismo son formas típicas y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad”. Señala el papa que: “Particularmente en Asia y África, las víctimas son principalmente miembros de las minorías religiosas, a los que se les impide profesar libremente o cambiar la propia religión a través de la intimidación y la violación de los derechos, de las libertades fundamentales y de los bienes esenciales, llegando incluso a la privación de la libertad personal o de la misma vida”. Y continúa el Santo Padre: “Se dan también formas más sofisticadas de hostilidad contra la religión, que en los Países occidentales se expresan a veces renegando de la historia y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos”. El Papa no compara pero sí relaciona el fundamentalismo religioso y el laicismo radical. El primero quiere imponer a todos la misma religión mediante la violencia; el segundo quiere expulsar la religión de la vida del hombre en nombre de la razón.

    El papa, además de la denuncia de todas las formas de persecución, discriminación o intolerancia religiosa, nos ha pedido un compromiso de oración y de solidaridad con los cristianos que las sufren. Os animo a vosotros y os sugiero que animéis a otros tanto a orar especialmente por nuestros hermanos en la fe, tan hijos de Dios como nosotros, encarcelados o torturados durante esta Navidad, como a sumaros a la campaña de firmas, promovida por Ayuda a la Iglesia Necesitada, a favor de la libertad religiosa de los cristianos en Oriente Medio y en otras zonas de Asia y África. Según Ayuda a la Iglesia Necesitada, sufren persecución por motivos religiosos unos 350 millones de personas, de los que más de 250 millones son cristianos.

    Tendemos a ver estos hechos a lo sumo con compasión, pensando que no nos van a pasar a nosotros. Pero no estemos tan seguros de que todo esto está tan lejos de nosotros, ni en el tiempo ni en el espacio. Hermanos: vivimos tiempos recios, que diría Sta. Teresa de Jesús. A escasos kms. de aquí, en la madrugada del pasado día de Navidad, después de la misa del gallo, rociaron con 20 ls. de líquido altamente inflamable la puerta de madera de una iglesia de Majadahonda, le pegaron fuego y dejaron pintado un símbolo satánico. Si el fuego hubiera alcanzado el artesonado del coro y los bancos, todo ello de madera, hubieran incendiado la iglesia. Estos alumnos aventajados de aquel activista español que hace algo menos de un siglo proclamaba que “La única Iglesia que ilumina es la que arde”, ya hace dos años intentaron quemar otra iglesia de Majadahonda, en aquella ocasión con los fieles dentro, colocando cócteles molotov para que prendiesen al conectar el aire acondicionado durante la celebración de la Santa Misa. Y no olvidemos las amenazas de extremistas radicales a nuestro cardenal-arzobispo para que no impartiera una conferencia en la Universidad Autónoma, en un nuevo episodio de intolerancia religiosa que recuerda en gran medida lo sucedido al propio Benedicto XVI en una universidad romana. Ante todo esto, muchos en Occidente callan y ya sabemos que el que calla otorga.

    Pero hay motivos para la esperanza, queridos hermanos, porque no estamos solos en el combate cristiano contra las fuerzas del mal. En los peores tiempos del comunismo ruso, en los que la enseñanza escolar era marxista, atea y antirreligiosa, hubo momentos en que la policía política no podía controlar el aluvión de jóvenes que pedían espontáneamente el bautismo, sin que nadie de carne y hueso les hubiera hablado de ello. Y es que el hostigamiento contra las creencias religiosas de los ciudadanos acaba produciendo el efecto contrario al pretendido: no son pocos los templos que durante años habían estado en gran parte vacíos y en la cumbre del hostigamiento, de repente son bendecidos con una afluencia masiva y permanente de fieles.

    Encomendemos todas estas intenciones a la que tradicionalmente ha sido invocada como auxilio de los cristianos, Sta. Mª, en su advocación de Ntra. Sra. del Valle, actualmente situada en una elevada peana adosada al muro que mira a la reja que hace de puerta principal de esta basílica y que anhelamos que cuanto antes se traslade debajo de la estatua del arcángel S. Miguel. Así todos podremos adornar a nuestra Madre del cielo con flores, rezar ante ella el S. Rosario, a lo que tanto nos urgen todas las revelaciones marianas, tocarla con nuestras manos, arrodillarnos, besar sus benditos pies y sobre todo pedirle que nos conceda imitar sus virtudes en nuestra vida. Que así sea.

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